Usa bien la palabra de verdad
El estudio diligente de la palabra de Dios debe provocar en nosotros un cambio radical, que nos lleve de una situación poco provechosa (muerte), a otra que la supereminente grandeza del poder de Dios se manifieste a tal grado, dado que hacemos su voluntad, que podamos decir confiados que andamos de victoria en victoria (vida).
Si bien es cierto que por el solo hecho de creer en la obra redentora de nuestro señor Jesucristo (no es por obra para que nadie se gloríe), pasamos de muerte a vida, de ser hijos de ira a ser hijos de Dios. Esto es espiritualmente hablando correcto, pero nuestra manera de ser, de comportarnos y de vivir en este mundo no sufre ningún cambio. Seguimos siendo los mismos de siempre.
¿Cómo logramos cambiar nuestra forma de ser? Se produce en la medida que trabajo mi manera de ser, sacando de mi corazón lo insensato del mundo y colocando en su lugar la voluntad de Dios.
2 Timoteo 2:6 El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.
Dios en su palabra siempre nos exhorta a esforzarnos y ser valientes. Es por ello que debemos esforzarnos en ser buenos obreros y tener valentía en transformarme a la imagen de Jesús.
2 Timoteo 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado,
como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.
Analicemos detalladamente este versículo:
· Procura con diligencia, spoudazo (G4707): “solícito, usar velocidad, hacer esfuerzo, ser pronto o ferviente, diligente”. Es algo que no debemos dejar para mañana. Recordemos que debemos aprovechar bien el tiempo porque los días son malos.
· Presentarte, paristemi (G3936): “estar junto a, exhibir, proferir, presentar, probar”. Se utiliza mucho en el sentido de presentarse para un servicio.
· Aprobado, dókimos (G1384): “aceptable, resistir (la prueba)”. Debemos ser un trabajador “acreditado”, ser hallados útiles, idóneos para la obra del ministerio.
· Que no tiene de qué avergonzarse, anepaísjuntos (G422): “irreprensible, no avergonzado”. Si desempeñamos de manera correcta lo que se nos ha solicitado, es decir, somos idóneos para la obra y por ende lo hacemos bien, no debemos avergonzarnos. Cuando uno hace un trabajo de mala gana o mal, este no alcanzará los objetivos trazados, por tanto en este caso si nos avergonzamos. Dios nos alienta a colocar nuestro mayor esfuerzo en presentarnos al servicio aprobados y así ser útil para la obra del Señor.
· Usa, ordosotoméo (G3718): “hacer un corte derecho, dividir (exponer) correctamente, maneja con precisión”. Es decir, interpretar, presentar y aplicar la Palabra de Dios correctamente, con exactitud y sin desviación alguna. Lo importante es exponer rectamente la palabra de verdad. Los griegos la utilizaban en tres contextos diferentes:
o Trazar una carretera recta a través del campo.
o Arar un surco derecho en el terreno
o Cortar y ajustar una piedra para que encajara correctamente en un lugar de la estructura del edificio.
Por tanto, Dios nos solicita ser obreros de su palabra, pero como es digno, es decir, presentándonos rápidamente a él, como obreros aprobados, idóneos para la obra, que por hacer las cosas según su voluntad no debemos tener vergüenza, porque la palabra de Dios es poder para todo aquel que cree, y usar o dividir correctamente la palabra, colocando la piedra en su posición correcta, que no desequilibre la estructura.
Es importante edificar nuestras vidas en la palabra de Dios. Ella nos dice cómo debemos vivir. Por tanto un estudio constante de la palabra de Dios es vital. En ella obtendremos la sabiduría, el conocimiento y compresión de las verdades más sublimes.
Salmos 19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;
El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
Salmos 19:8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;
El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
Salmos 19:9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre;
Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.
Salmos 19:10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado;
Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.
La palabra de Dios nos ayuda en frenar los pecados.
Salmos 119:11 En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.
La palabra de Dios es viva y eficaz.
Hebreos 4:12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Es nuestra arma de ataque que contamos en la armadura de Dios.
Efesios 6:17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;
La palabra de Dios siempre trae su fruto.
Isaías 55:10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,
Isaías 55:11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.
La palabra de Dios es útil
2 Timoteo 3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,
2 Timoteo 3:17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
Así que para nosotros el estudio de la palabra de Dios debe ser primordial. Debemos colocar nuestro mayor esfuerzo en usar de manera correcta las escrituras, no solo para predicar a otros (cumpliendo nuestro ministerio), sino para que nos transformemos y podamos obtener los beneficios que Dios nos tiene prometido.
Aquí dejo algunos consejos que pueden ayudar en este caminar disciplinado en la palabra de Dios:
1. Leer la palabra de Dios.
Resulta obvio. Pero no es solo una lectura somera, como quién lee el periódico, sino más bien una lectura atenta, dado que estamos leyendo verdades que nos transformarán la vida.
2. Estudia la palabra de Dios.
No nos tenemos que quedar solo con la idea de leer las escrituras de manera atenta, también debemos estudiarlas, escudriñarlas, porque de esa manera conoceremos las bendiciones de Dios. Es un estudio de toda la vida, donde en la medida que comencemos a comprenderla, se nos abrirán nuevos horizontes. Comenzaremos bebiendo leche espiritual, pero debemos terminar masticando alimento sólido espiritual.
3. Memorizar la palabra de Dios.
Esto es una de las cosas más olvidadas. Muchas veces cuando pasamos por situaciones, que de una u otra forma están en contra de las escrituras, o nos hacen desviarnos, debemos recordar versículos de manera rápida para contrarrestar lo sucedido. Frente a una aflicción debemos recordar un grupo de versículos para sostenernos y no caer. Pero para ello es importantísimo memorizar versículos o estrofas. Es fácil y podemos comenzar por las que más nos gusten, agraden u obedezcan a una necesidad en particular.
4. Medita en la palabra de Dios.
La meditación es una disciplina. Debemos disciplinarnos en comprender las escrituras, a tal punto de presentarnos como obreros que no tenemos nada de que avergonzarnos. Leemos, estudiamos, memorizamos, pero nada de ello resulta si no logramos comprender la profundidad de la palabra de Dios.
5. Obedece a la palabra de Dios.
Todo lo anterior es para obedecer. Que obtengo de todo lo que entiendo si al final de cuentas no hago lo que se me solicita. Debo llevarlo todo a la práctica y de esa manera lograré profundizar y afianzar la palabra de Dios en mi vida.

