MenteFija

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.


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Conciencia de Pecado

Todos pecamos. No hay ni un justo (Romanos 3:10). Así que no nos debemos vanagloriar. Siempre estamos dando tropezones. Nos caemos, nos levantamos y volvemos a caer. Somos seres imperfectos esperando su redención en la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, para que este cuerpo mortal se vista de inmortalidad.

Te das cuenta que cuando oras le hablas al Dios del Universo. Te das cuenta que tú, un pequeño insecto, le hablas a lo más grande, a lo más glorioso. ¿Cómo Dios permite que esto ocurra? ÉL es perfecto y nosotros somos completamente imperfectos, pero gracias a la muerte y resurrección de Cristo, podemos entablar una relación personal con Dios, de un hijo hacia su Padre.

A veces nos sentimos mal por lo que hacemos, pero ¿Tienes la convicción de que eres un pecador? Estamos constantemente pecando. Cada momento que pasa no hacemos lo que Dios quiere. ¿No me crees? Entonces responde a las siguientes preguntas:

¿Amas a Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas el 100% de tu tiempo?

Mateo 22:37 “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”

¿Amas a tu prójimo como a ti mismo siempre, en las buenas y en las malas?

Mateo 22:39 “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”

¿Cuando realizas alguna acción, incluso las menos decorosas, lo haces sin quejarte?

Filipenses 2:14 “Haced todo sin murmuraciones y contiendas…”

¿Cuándo te sientes agobiado, echas toda tu ansiedad sobre ÉL y dejas de estar preocupado?

1 Pedro 5:7 “…echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”

¿Cuando hablas siempre dices cosas que edifican y dan gracia a otros?

Efesios 4:29 “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”

¿No holgazaneas y haces lo que debes hacer sin desperdiciar tiempo?

Efesios 5:16 “…aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”

No pretendamos creer que llevamos una vida perfecta. Siempre nos caemos y no hacemos lo que Dios nos pide. ¡Sé específico! Cuando ores a Dios, pídele perdón por no guardar sus mandamientos. Debes estar quebrantado y furioso por tu pecado, el cual debes sacarlo de tu vida (Colosenses 3:5)

Recuerda la promesa, la cual nos permite estar tranquilos sabiendo que somos escuchados, que nuestras oraciones son posibles, apropiadas y poderosas.

1 Juan 1:9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”

Reconoce que sin Dios nada puedes hacer bien. Solo con ÉL y por ÉL las cosas suceden y tu puedes estar tranquilo que ÉL te ama.

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo

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Saturémosno de la palabra de Dios

Llevamos varios artículos analizando las tentaciones y el pecado. Me gustaría hacer un alto y resumir algunos puntos importantes, un manual “corta palo”, algo que podamos recordar en nuestro día a día.

Cuatro cosas que las tentaciones, al convertirse en pecado, nos provocan:

  • Derrota: cuando caemos nos sentimos derrotados, hipócritas.
  • Endurece el corazón: al no avanzar y vencer, el pecado se transforma en algo “normal”.
  • Nos lleva de pecado a pecado: Si dejamos la puerta abierta, algo en nuestra vida sin resolver, permitimos que entre otro pecado y todo se hace más grande.
  • Nos provoca la muerte (Santiago 1:14-16). Siempre el pecado provoca muerte. Puede ser física (ingesta de drogas, alcohol, etc.) o de nuestra relaciones (matrimonio roto, lealtades quebradas, etc.)

Siempre frente a una tentación podemos decir NO. Somos responsables de nuestro comportamiento y podemos luchar para ser cambiados en nuestra vida. Satanás no nos obliga a realizar algo, solo puede engañar y manipular (Génesis 3:13; 2 Corintios 11:3). Nosotros somos quienes decidimos pecar.

No te engañes, todos pecamos y no hay nadie que nunca peque. Pero debes entender que un verdadero cristiano no practica el pecado como forma de vida, sino que busca honrar a Dios. Es difícil, no digo que sea fácil, porque muchas veces para conformarse el modelo de Dios, debemos sacar de nuestra vida relaciones personales, situaciones, cosas y lugares que nos gustan. Porque todo aquello que nos lleva a pecar debe ser extirpado de nuestra vida. Es el medio que tiene Dios para hacernos madurar y conformarnos a la imagen de Cristo.

Nunca te preguntes ¿Hasta dónde puedo llegar sin pecar? Porque siempre obtendremos respuestas racionales. Debemos preguntar ¿Qué es lo más prudente? ¿Cómo puedo lograr un carácter como Cristo?

Hay tentaciones que se repiten siempre. Nos caemos y pecamos, por lo general, en las mismas cosas. Nos debemos preguntar ¿Cuál es la raíz del problema? Porque debemos sacar de raíz aquellas cosas que siempre nos terminan venciendo. ¿Cómo lo hacemos? Una buena manera es analizar nuestra vida desde el punto de vista de aquellas “cosas” que se han transformado en nuestra seguridad, una válvula de escape o que le damos un nivel de importancia mayor. Puede ser el trabajo, una relación, la familia o un pasatiempo. Todo aquello determinará nuestras acciones, el uso del tiempo, nuestros pensamientos. Es lo que controla nuestra vida. Debemos buscar a Dios y transformarlo en nuestra única fuente de seguridad e importancia. Solo ÉL puede suplirlo todo. Así que: ¿Qué estás considerando más importante que Dios? Una vez que lo encuentres, renueva tu mente, quita la vieja manera de pensar.

Hay tentaciones que afectan nuestras necesidades. Debemos entender que hemos sido creados para satisfacer necesidades. Todos necesitamos de amor, aceptación, éxito, comida y un largo etcétera. Satanás distorsiona nuestros deseos y transforma el amor con “ser codiciados”, el éxito por la “ambición”, la comida con “gula”.

El apóstol Juan menciona tres grupos de falsedades que Satanás utiliza (1 Juan 2:15-16)

  • Deseos de la carne: apetitos, deseos, nuestro viejo hombre.
  • Deseos de los ojos: todo lo que vemos y que despiertan apetitos y deseos.
  • Vanidad de la vida: todo aquello que nos eleva el deseo de independencia a Dios. Es decir, “nosotros podemos hacerlo solo”

Cuando somos tentados un grupo, o incluso todos, entran en acción. Entonces, ¿Por qué no podemos satisfacer nuestros deseos, si fuimos creado para ello? Esta pregunta es equivocada, es muchísimo mejor preguntar: ¿Cómo preferiría Dios que yo satisficiera mis deseos y cuándo es el tiempo perfecto de Dios para ello?

Para nuestra tranquilidad, hay dos principios básicos que debemos tener claro frente a la tentación (1 Corintios 10:13):

  • Dios a puesto un límite o intensidad a cada tentación. Nunca seremos tentados más de lo que podemos resistir. Es más, Dios nunca nos abandona y siempre participa en nuestra lucha contra cada tentación.
  • Para cada tentación, Dios ha planeado una salida. Nuestra misión es encontrarla y aprovecharnos de ella.

No podemos confiar en nuestras propias fuerzas. Nunca nos consideremos fuertes, porque a pesar de vencer la tentación, ésta se puede volver a presentar. No debemos bajar la guardia. La mejor forma de hacerlo es como lo hizo Jesús (Mateo 4:1-11). Nuestro Señor respondió con la Palabra de Dios. No utilizó su ingenio, no discutió con el Diablo, no hizo uso de su fuerza de voluntad o poder, simplemente respondió con la verdad.

Recuerda que la palabra de Dios expone el pecado, muestra su verdadera naturaleza. Además nos ayuda a enfocarnos, alejándonos mentalmente lo suficiente para poder luchar contra la tentación. ¿Cómo lo hacemos? Frente a una tentación, vuelca tus pensamientos en la palabra de Dios. No lo dejes para mañana, hazlo inmediatamente. De esta manera ejecutamos nuestra fe, porque confirmamos y creemos en Dios. ÉL y sólo ÉL tiene el poder de sacarnos del pecado.

En términos prácticos y como recomendación, sería prudente seleccionar, comprender y memorizar versículos bíblicos que responden a tus tentaciones más frecuentes. La idea es tener siempre en la punta de la lengua la palabra de Dios, una espada desenvainada lista para la batalla.

Saturémosno de la palabra de Dios.

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo

PD. Si deseas recordar o leer sobre lo que hemos escrito del tema, pásate por la etiqueta “Pecados”

 


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6 Teorías referente a la tentación

Vencer la tentación es entender lo que Satanás se propone y el cómo lo lleva a cabo.

2 Corintio 2:11 “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.”

Existen muchos malentendidos o teorías comunes referente a la tentación, que moldean nuestra manera de pensar y de hacer. Nos dañan porque crean expectativas irreales, acciones que Dios nunca pensó para nosotros. Analizaremos 6 de ellas.

1.- Ser tentado es pecar

Cuando viene la tentación generalmente llega con sentimientos asociados. A veces es tan grande lo que sentimos que nos sentimos culpables. Pero recuerda que no somos responsables de las ideas que afloran en nuestra mente, pero sí tenemos la obligación de controlarlas para que no nos dominen.

2 Corintios 10:5 “…derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo…”

Es preciso sacar lo malo de nuestra mente y colocar lo bueno. Obviamente podemos tomar medidas adicionales con lo que vemos, hacemos y decimos, pero siempre habrá sucesos o personas que nos llevan a tener pensamientos y sentimientos impíos.

Las tentaciones comienzan con un pensamiento, pero el pensamiento de hacer algo malo, aún combinado con el deseo de hacerlo, no es pecado, sólo es una tentación. La tentación no es pecado, sino la intención de Satanás de hacernos caer.

Recuerda que Jesús fue tentado en todo, tal como a nosotros, pero él nunca pecó.

Hebreos 4:15 “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.”

2.- Las personas espiritualmente maduras no son tentadas

Recuerda que siempre enfrentaremos tentaciones en nuestra vida. No importa si eres un creyente recién renacido o que lleva mucho tiempo en la palabra de Dios. Es más, mientras más piadosos seamos, más amenaza somos para Satanás y por tanto él trabajará más fuerte para hacernos caer.

Jesucristo estaba lleno del espíritu santo y fue tentado. De la misma manera, nosotros seremos tentados todo el tiempo.

Santiago 1:2-4 “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”

3.- Si vencemos un pecado, la tentación en esa esfera cesará

Pensar ésto es irreal. Podemos luchar contra un pecado por años y finalmente ser liberados. Incluso podemos caminar victoriosos y pensar que estamos más allá de ser tentado en ese punto. Pero la tentación siempre estará ahí. Satanás conoce nuestros puntos débiles, si nos ha hecho caer en alguna esfera antes, lo intentará nuevamente. Atacará otra vez.

Debemos comprender nuestra propia fragilidad. La tentación puede venir en cualquier momento. Y si llega en una esfera que pensábamos estaba sanada, podemos desalentarnos y pensar que todo sigue como antes, que nada ha cambiado. Nunca debemos descuidar nuestra relación con Dios. Debemos seguir estudiando, viviendo conforme a las escrituras, orar sin cesar, renovando nuestra mente.

Nos liberamos de la tentación diariamente. Todos los días podemos ser tentados y por eso cada día Dios nos da la victoria. Recuerda que Dios nos ha prometido que no nos dejará caer en tentación. Muy distinto a pensar que él nos librará de ser tentado.

4.- Caemos en tentación y pecamos

Falso. No caemos en tentación, no somos meros espectadores inocentes. Es una manera sutil de echarle la culpa a otro. Nosotros escogemos pecar.

En toda tentación siempre existe un punto en que podemos tomar una decisión. Obviamente Satanás podrá colocar mucha presión, pero siempre existirá el momento en que debemos decidir pecar o no pecar. La tentación no perjudica nuestra libertad de escoger. Somos responsables de nuestras acciones. Así que el pecar, debido a una tentación, es siempre el resultado de una decisión.

5.- Dios se decepciona cuando somos tentados

Cuando somos tentados surgen sentimientos de condenación y pensamos que Dios se decepciona de nosotros. Esto no es así. Dios es omnisciente y nada lo toma por sorpresa. ÉL conoce todas las tentaciones que vendrán a nuestra vida y el cómo responderemos a ellas. Por tanto no tiene forma de decepcionarse.

Las tentaciones son usadas para ayudarnos a desarrollar carácter y fe.

Santiago 1:2-4 “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”

Cuando somos tentados, nuestra fe y carácter son probados. Al resistir con éxito, salimos más fuertes. De hecho la tentación prueba nuestro amor por Cristo.

Santiago 1:12 “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”

6.- La tentación se vence huyendo

El campo de batalla es la mente. Huir no siempre nos garantiza la victoria.

Es prudente evadir situaciones, lugares o personas que nos predisponen a ser tentados. Pero cambiar constantemente las circunstancias no implica vencer. Lo que debemos hacer es renovar nuestra mente, a fin de que Dios cambie nuestro carácter y corazón.

Lo que ocurre en nuestro interior, determina lo que pasa en el exterior. Dios no nos ha sacado del mundo, sino que nos ha dejado para que nosotros hagamos un impacto en el mundo.

Vamos a enfrentar siempre tentaciones, pero hay un tiempo para correr y otro tiempo para estar firmes.

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo


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Usa bien la palabra de verdad

Cuando tenemos un problema o no sabemos que hacer, un buena manera de solucionarlo es analizando lo que otras personas han hecho para tener éxito. Cuando hablamos de pecado, tentaciones, la vida misma, qué mejor manera de aprender que entender cómo Jesús lo hizo.

Sabemos que Jesús fue tentado en todo (Hebreos 4:15) y que tenemos registros de cómo actuó frente a la tentación (Mateo 4:1-11). De hecho el texto se explica por sí mismo, pero repásemoslo detenidamente.

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.

No comió durante cuarenta días con sus noches. Debió haber estado físicamente desgastado y el Diablo esperó aquel momento (“tuvo hambre”) para tentarlo. Cuántos de nosotros con sólo un par de horas, empezamos a sentirnos mal y deseamos comer con todas las ganas. Creo que es un momento de debilidad, cansancio, donde nos sería más fácil caer en tentación.

3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

¿Qué hizo Jesús? Le respondió con la palabra de Dios. Nada más y nada menos. No utilizó su propio ingenio, no discutió con el Diablo (recuerden lo que le pasó a Eva), no hizo uso de su fuerza de voluntad o su poder, simplemente respondió con la verdad.

Obviamente el Diablo no quedó tranquilo y siguió con las tentaciones:

5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.
7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.
11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

Jesús combatió las tentaciones con la palabra de Dios y fue suficiente: “El diablo entonces le dejó…”

Así que la mejor manera de parar la tentación y el pecado, cerrarle la puerta al Diablo, es simplemente usando la palabra de Dios. ¿Qué significa ésto? ¿Cómo usamos bien la palabra de Dios?

Sabemos que las tentaciones comienzan de manera sutil. Incluso llegamos a pensar y sentir que no hay nada malo en avanzar en aquella dirección. Jesús tenía hambre y no hay nada de malo en ello. ¿Entonces? La palabra de Dios expone el pecado. Toda decisión o acción queda bajo la lupa de la verdad, es decir, nos muestra la verdadera naturaleza de las cosas. Jesús pudo satisfacer sus necesidades físicas, pero lo que el Diablo estaba haciendo era empujarlo a que lo hiciera por sus propias manos. Jesús respondió con la palabra, diciendo básicamente que: “no es solo satisfacer mis necesidades físicas, sino que obedecer a Dios”

Así que la palabra de Dios nos permite ver las cosas como realmente son. Nos permite ser objetivos, alejarnos mentalmente lo suficiente para luchar contra la tentación. Nos ayuda a enfocarnos, cuando nuestros pensamientos son dominados por un tema atractivo. Desvía la atención de la tentación.

Como dije antes, las tentaciones son sutiles y nos llevan a realizar un diálogo mental. Discutimos con nosotros mismos, mientras la tentación avanza poco a poco y nuestras emociones y voluntad quedan a su merced: “He fallado tantas veces”, “Lo haré por última vez y mañana comenzaré de nuevo”, “No debería hacer ésto, pero…(ponga a continuación sus pensamientos)”

Al usar la palabra de Dios podemos quitarnos la tentación al instante. Ingresa una tentación, vuelco mis pensamientos en la palabra. Esta acción ejecuta nuestra fe. Al repetir la palabra de Dios, lo que haces es confirmar y creer en Dios. Confirmas y reconoces que ÉL puede sacarte de ahí y que su poder no se compara con el pecado.

No he dicho nada nuevo. Incluso este tema para algunos puede ser trivial. Entonces, ¿Por qué existen cristianos que no lo hacen? No estudian ni aplican lo suficiente, es un asunto de prioridades. Si miro televisión dos horas al día y estudio las escrituras unos 20 minutos, ¿Puedes ver dónde están las prioridades?

Estudiar es cansador, sobre todo cuando no entiendes y crees que avanzas poco. Pero para luchar contra el Diablo necesitamos un arsenal de versículos, comprendidos y memorizados, los cuales puedan ser usados rápidamente, tenerlos en la punta de la lengua. Son aquellos versículos que no signifiquen un esfuerzo recordarlos, están tan a la mano, que ante una tentación, los recordamos rápidamente. Esa es la clave: producida la tentación, debo responder de inmediato con la palabra de Dios.

¿Cómo lo hacemos? Comienza por seleccionar, comprender y memorizar aquellos versículos que responden o que hacen frente a tus tentaciones más frecuentes. Obviamente aprender de memoria un versículo no es suficiente. De hecho muchas veces repetimos cosas de memoria sin entender su significado, sin realizar las conexiones con la palabra de Dios en su conjunto.

Pero al memorizar, lo que hace es tener la espada desenvainada, lista para la batalla. Además nos ayuda a ir renovando nuestra mente. Quintando lo viejo y colocando lo nuevo. Satúrate de la palabra de Dios, de tal manera que frente a cualquier tentación podamos cerrarle el paso y vencer.

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo


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Vestidos para la batalla

Efesios 6:11 “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”

¿Cuántas veces hemos leído estas palabras? Muchos predicadores alrededor del mundo las han enseñado. Incluso creo que es unos de los versículos donde más se han hecho estudios e imágenes para su comprensión. Incluso aquí en MenteFija lo hemos hecho (ver aquí ).

Te pregunto: ¿Lo tomas en serio? Porque el Apóstol Pablo no dijo solo que aprendiéramos o que estudiáramos la armadura de Dios. Sino que fue más allá. Dijo Vestíos. Es un mandamiento, no es una sugerencia.

Si Ud. fuera a soldar un portón de hierro, ¿Se vestiría adecuadamente? Por supuesto que sí. Utilizaría guantes, una pechera, el casco o visor adecuado. No desea sufrir accidentes. Entonces ¿Por qué no usamos la armadura de Dios? Porque no tomamos el peso a la siguiente verdad: ¡Estamos en guerra! Cómo no somos consciente de ésto, todos los días terminamos preguntándonos ¿Por qué me falta voluntad o disciplina o resistencia? Esta guerra se pelea diariamente. El diablo anda como león rugiente y quiere vernos pecar. Cada pecado es una afrenta a Dios, es una guerra.

Como todo buen soldado debemos estar preparados. El enemigo está cazando, por tanto debemos vestirnos cada día con el atuendo necesario.

Recordemos la analogía:

Efesios 6:10 “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, conque podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”

Versículo 14: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad”

El soldado Romano usa una faja, hecha de un cuero grueso, que le cubre el abdomen y le sirve además para sujetar su espada. Pablo la describe como la verdad. Este es el fundamento y sirve para poder mantener toda la armadura en su lugar. Tenemos que sujetarnos a la verdad, el poder de Dios es mayor que el poder del pecado o de Satanás. Somos hijos de Dios y estamos muertos al pecado.

Versículo 14: “…vestidos con la coraza de justicia”

La coraza se fabricaba de cuero e incluso estaba cubierta de metal. Es utilizada para proteger la región del pecho, los órganos vitales. Se describe como justicia, con el fin de que nuestro accionar esté de acuerdo con lo que es correcto y justo, lo que Dios desea y no lo que nosotros deseamos.

Versículo 15: “…calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz”

El soldado romano se cubría sus pies y tobillos con unas sandalias. Se fabricaban en cuero e incluso en la planta se colocaban púas o clavos para mantener la posición y equilibrio  en combate. Está asociado con el evangelio, porque es nuestra huella, lo que dejamos donde quiera que vayamos.

Versículo 16:”…tomad el escudo de la fe”

Estamos hablando de un arma de defensa. Este es un escudo grande, del tamaño de una puerta. De hecho si un soldado se arrodillaba detrás de él, lo cubría completamente. Fabricado con un marco de hierro, cuero tensado y algunos tenían colocados metales en la parte delantera. Pablo lo describe como la fe. Es nuestra defensa ante el temor, la inseguridad, la ansiedad y cualquier otra cosa que no nos deje actuar en obediencia a Dios.

Versículo 17: “…Y tomad el yelmo de la salvación”

Esta es la pieza más costosa de la armadura del soldado y también la más vistosa. Sirve para proteger la cabeza. Refleja nuestra mente, dónde cada batalla se gana o se pierde ahí primero. Aquí tomamos decisiones de obedecer o no a Dios, de decirle sí a Dios y no al pecado.

Versículo 17:”…y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”

Esto es el arma principal. Más que una espada, como la que pensamos en occidente, se trata de una daga y está confeccionada para la lucha cuerpo a cuerpo, para vencer a los ataques del enemigo.

El ejemplo que nos entrega el Apóstol Pablo, nos indica que al igual que un soldado que se viste para la batalla para evitar la muerte, nosotros como hijos de Dios, debemos vestirnos con la armadura celestial para hacer frente a las asechanzas del diablo.

La pregunta ahora es: ¿Cómo prepararse para la batalla? ¿Cómo vestirnos con la armadura de Dios? El apóstol Pablo solo nos indica que debemos vestirnos, no nos dice cómo. Pero podemos ayudarnos con ésta analogía de la armadura.

Como sugerencia: cada mañana, no sirve hacerlo en tu devocional diario o en tu lectura/aprendizaje de la escritura, ora a Dios y visualiza esta armadura. Cubre cada parte de tu cuerpo con las verdades de Dios. Recuerda pasajes de la escritura, visualiza tu día, tus próximas batallas, lo que debes hacer hoy, los miedos que podrías enfrentar. Analiza qué partes de tu ser están hoy ofreciendo menor resistencia. Prepara tu jornada junto a Dios.

Toma en serio el mandato de vestirse con toda la armadura de Dios. Gana batallas. Estamos en guerra.

Bendiciones en Cristo,

Gonzalo.


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Qué es lo más prudente

El mundo actual nos la hace difícil. Pecar está a la orden del día. En la televisión, Internet, en el anuncio de la esquina. No es que estas cosas por sí mismas sean malas, sino que son muchas veces utilizadas para deslizarnos al pecado.

Veamos un ejemplo. Supongamos que necesitas mejorar tu condición física. Para ello te propones alimentarte adecuadamente y asistir regularmente a un gimnasio. Hasta aquí todo bien y es razonable. No hay nada malo en ello. Pero en el gimnasio elegido asiste una hermosa mujer, tu eres cristiano y estás felizmente casado. ¿Qué hay de malo en ello? Bueno, puedes responder que nada, que en todas partes puedes encontrar una mujer bonita. Pero qué pasa si te digo que aquella mujer empieza a conversar contigo, te invita a tomar un refresco a la salida del gimnasio. Todo normal, nada del otro mundo. Puedes que continúes diciéndote que está todo bien, que no hay nada de qué preocuparse. A lo mejor es cierto y tienes razón. El tiempo pasa y no le cuentas a tu esposa de aquellas salidas, porque sin quererlo te sientes atraído de la mujer del gimnasio. Te justificas diciendo que es normal tener una amistad y para qué preocuparla, se puede poner celosa. Pero sin darte cuenta, tus visitas al gimnasio se transforman más allá de cuidar tu estado físico, sino que empiezas a anhelar las salidas al finalizar tus ejercicios.

Uno siempre hace la pregunta incorrecta: ¿Hasta dónde puedo llegar sin pecar? ¿Hasta dónde la amistad con la mujer del gimnasio me conviene? Siempre tendremos respuestas racionales. Es sólo una amiga. Pero deberíamos comenzar a realizar las preguntas correctas: ¿Cómo puedo lograr un carácter como Cristo? ¿Cómo puedo inspirar a otros a ser semejantes a Cristo?

Recuerda: No es válida la pregunta ¿Qué hay de malo en ésto?, sino que es mejor preguntarse ¿Qué es lo más prudente?

Veamos un pasaje de la carta del Apóstol Pablo a los Efesios.

Efesios 5:15-16 “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”

El Apóstol Pablo usa la palabra “diligencia”, que significa “examinar cuidadosamente”.  Así que en cada oportunidad o situación, debemos examinar cuidadosamente los pro y los contra, con el fin de evitar meternos en problemas. ¿Cómo lo hacemos? Las “cosas” no son malas en sí misma, así que una buena manera de examinar es analizando nuestro pasado, nuestro estado presente y nuestro futuro.

  • En el pasado has fracasado muchas veces y sabes con qué “cosas” tienes debilidad. Aprovecha ese conocimiento para evitar caer nuevamente. Si dejaste a tu antiguo grupo de amigos porque siempre te llevaban al pecado, por qué volver a salir con ellos.
  • Tus circunstancias actuales (tus problemas, tus anhelos, tus responsabilidades, el cómo te sientes hoy día), puede que te hagan sentir más “débil” frente a ciertas “cosas” que en el pasado no te complicaban. Observa detenidamente el cómo te encuentras hoy, para evitar deslizarte y caer en pecado.
  • Todo pecado afecta tu futuro, tus metas. Aquí una clave: si tienes metas claras, es decir, tienes claro lo que deseas conseguir en el futuro, te permitirán tomar mejores decisiones y decir no al pecado. Así por ejemplo, si una de tus metas es que tus hijos glorifiquen a Dios, trabajarás diariamente para ser un ejemplo a ellos y aprovecharás cada minuto para enseñarles adecuadamente. De esta manera te será más fácil vencer la tentación de mirar un buen programa de televisión, durante el tiempo en que puedes estar con tus hijos.

Leamos nuevamente en Efesios 5:15-16, porque hay otra clave.

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”

El Apóstol Pablo continúa con la frase “aprovechando bien el tiempo” ¿Qué quiere decir? Como cristianos no somos del mundo y debemos realizar un esfuerzo consciente de no parecernos a él, sino que asemejarnos a Cristo. Esto requiere tiempo. ¿Cuál es la manera más sabia de usar el tiempo? Pasar la mayor cantidad de minutos y horas en la verdad, en estar junto a Dios. El Diablo intenta por todos los medios a su alcance de alejarnos de Dios, porque sabe que cuanto más alejados estemos de ÉL, le será más fácil deslizarnos al pecado.

Recuerda que como Cristianos, hijos de Dios, el espíritu santo siempre estará advirtiéndonos del pecado. No lo ignoremos, salgamos de la zona de peligro. Haz todo para evitar caerte. Evalúa cada oportunidad atentamente a la luz de tu experiencia pasada, de tu estado presente y de tus metas futuras. Se prudente.

Muchas bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo


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Podemos soportar las tentaciones

Las tentaciones están en todas partes y aparecen en cada momento de nuestra vida. ¿Qué vas hacer? Porque Dios desea que nos preparemos. Debemos luchar y hacer frente al pecado que nos acecha.

¿Cómo preparo mi defensa? Dios ha hecho grandes cosas en nosotros. Nos entrega provisión para que seamos capaces de combatir, pero también nos pide que desarrollemos la autodefensa. Hoy me gustaría hablar de lo primero y para ello leamos en 1 Corintios 10:13

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”

Hay dos principios claves en este versículo.

Primer Principio: Dios a puesto un límite a la intensidad de cada tentación. ÉL nos conoce. Sabe hasta cuándo podemos soportar.

Durante mucho tiempo se ha extendido el error de comparar a Dios y Satanás, como dos fuerzas iguales y contrarias.  Como dos superpoderes contrapuestos que luchan por el curso del universo. Es un grave error. Dios tiene siempre el control, no hay nada más grande y majestuoso que ÉL. Satanás no puede compararsele y lo único que puede hacer, es buscar poseer y corromper las vidas de los hombres, pero limitado por lo que Dios ordena.

Así que considera ésto: Dios ha puesto un límite para cada tentación. Por tanto:

  • Nunca seremos tentados más de lo que podemos resistir.
  • Dios participa en nuestra lucha contra cada tentación.
  • Dios es fiel y debemos tener confianza. Nunca nos abandona. ÉL siempre vigilará al enemigo.

Hermano, no vale decir: “No lo pude evitar”; “El diablo me obligó”; “No pude decir que no”. Podemos luchar, cada tentación que sufrimos es tolerable. Dios tiene el control, ha puesto límite a la tentación y podemos resistir.

Segundo Principio: Para cada tentación, Dios ha planeado una salida.

Recuerdalo. Siempre ante una tentación, Dios ofrece una salida, una manera de resolverlo. Nuestra misión es buscarla y no dejarnos guiar por nuestra carne, pensando que no hay salida. No sucumbas a la tentación.

Recalco lo siguiente: 1 Corintios 10:13 no dice que Dios va a quitar la tentación. El objetivo no es ser librado de la tentación, sino ser libres a través de la tentación. De hecho el versículo termina diciendo “para que podáis soportar”. Dios no impide las tentaciones en nuestra vida, sino que nos ayuda a soportarlas, no caer y ser libres.

Unas últimas palabras. Dios vigila constantemente a Satanás cuando él nos tienta. No permite que seamos tentados más de lo que podemos resistir. Y para cada tentación, nos brinda una salida. Nuestra responsabilidad es buscarla y aprovecharnos de ella.

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo