MenteFija

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.


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Podemos soportar las tentaciones

Las tentaciones están en todas partes y aparecen en cada momento de nuestra vida. ¿Qué vas hacer? Porque Dios desea que nos preparemos. Debemos luchar y hacer frente al pecado que nos acecha.

¿Cómo preparo mi defensa? Dios ha hecho grandes cosas en nosotros. Nos entrega provisión para que seamos capaces de combatir, pero también nos pide que desarrollemos la autodefensa. Hoy me gustaría hablar de lo primero y para ello leamos en 1 Corintios 10:13

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”

Hay dos principios claves en este versículo.

Primer Principio: Dios a puesto un límite a la intensidad de cada tentación. ÉL nos conoce. Sabe hasta cuándo podemos soportar.

Durante mucho tiempo se ha extendido el error de comparar a Dios y Satanás, como dos fuerzas iguales y contrarias.  Como dos superpoderes contrapuestos que luchan por el curso del universo. Es un grave error. Dios tiene siempre el control, no hay nada más grande y majestuoso que ÉL. Satanás no puede compararsele y lo único que puede hacer, es buscar poseer y corromper las vidas de los hombres, pero limitado por lo que Dios ordena.

Así que considera ésto: Dios ha puesto un límite para cada tentación. Por tanto:

  • Nunca seremos tentados más de lo que podemos resistir.
  • Dios participa en nuestra lucha contra cada tentación.
  • Dios es fiel y debemos tener confianza. Nunca nos abandona. ÉL siempre vigilará al enemigo.

Hermano, no vale decir: “No lo pude evitar”; “El diablo me obligó”; “No pude decir que no”. Podemos luchar, cada tentación que sufrimos es tolerable. Dios tiene el control, ha puesto límite a la tentación y podemos resistir.

Segundo Principio: Para cada tentación, Dios ha planeado una salida.

Recuerdalo. Siempre ante una tentación, Dios ofrece una salida, una manera de resolverlo. Nuestra misión es buscarla y no dejarnos guiar por nuestra carne, pensando que no hay salida. No sucumbas a la tentación.

Recalco lo siguiente: 1 Corintios 10:13 no dice que Dios va a quitar la tentación. El objetivo no es ser librado de la tentación, sino ser libres a través de la tentación. De hecho el versículo termina diciendo “para que podáis soportar”. Dios no impide las tentaciones en nuestra vida, sino que nos ayuda a soportarlas, no caer y ser libres.

Unas últimas palabras. Dios vigila constantemente a Satanás cuando él nos tienta. No permite que seamos tentados más de lo que podemos resistir. Y para cada tentación, nos brinda una salida. Nuestra responsabilidad es buscarla y aprovecharnos de ella.

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo


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Fuimos creados por Dios para satisfacernos en él

Satanás tiene un plan para destruirnos. No está hecho por azar. Maneja nuestros pensamientos y emociones hasta llevarnos hacia dónde él quiere. 

¿Cuál es su estrategia? ¿Cómo reconocemos sus maquinaciones?  Debemos comprender que su plan comienza mucho antes de que estemos conscientes de ello y a veces nos damos cuenta demasiado tarde. No te desalientes, Dios nos ha dado la habilidad de decir “NO” en cualquier momento.

No quiero caer en una simplificación al hablar de estrategia. Existen muchísimas tentaciones. Tipos y colores. Muchas variantes. Lo que busco es describir los ingredientes básicos que comparten todas ellas.

Vamos por parte. Aquí la clave. Todos tenemos necesidades que deseamos satisfacer. Fuimos creados de esta manera. Necesitamos amor, aceptación, respeto, éxito, comida y un largo etcétera. Aquí es donde Satanás juega. Él distorsiona nuestros deseos para convertirlos en características negativas. Transformamos el amor con “ser codiciados”, o el ser aceptados con orgullo, o el éxito por la ambición. Llegamos a comer cosas que no debemos o pasamos hambre por temor a engordar.

1 Juan 2:15-16 “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.”

El apóstol Juan describe tres grupos o categorías de falsedades que utiliza Satanás:

  • Deseos de la carne: Son los apetitos, deseos, nuestro viejo hombre.
  • Deseos de los ojos: todo aquello que vemos y que despiertan diferentes apetitos y deseos.
  • Vanidad de la vida: Eleva nuestro deseo de independencia a Dios. Es decir, “nosotros podemos hacerlo solo”

Cuando somos tentados, uno de estos grupos entra en funcionamiento. O varios. El ejemplo clásico es lo ocurrido en Génesis cuando Eva fue tentada. Satanás sigue actuando igual, no ha cambiado en nada.

Génesis 3:1-5 “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

Veamos algunas claves. Primero atacó el orgullo cuando dijo “serán abiertos vuestros ojos”. Lo que equivale a decir: alcanzar conocimiento, entendimiento e iluminación. Dios nos creo curiosos, con ganas de aprender siempre cosas nuevas. De hecho gracias a ésto es que hoy existen avances en las artes y ciencias. Así es el ser humano. Pero una cosa distinta es hacerlo nosotros mismos y otra dejar de lado a Dios.

Otro aspecto atacado fue el poder y autoridad, cuando dice: “y seréis como Dios.” En el principio Dios nos concedió autoridad para cuidar la tierra, éramos los amos y señores de ésta lugar,  pero en esta tentación Satanás empujó a Eva a salirse del límite.

Si seguimos leyendo, Satanás usó nuestro apetito, porque el fruto era apetitoso a la vista. Aquí otra vez, nos saca fuera del límite interpuesto por Dios.

Hermanos, somos criaturas creadas con la capacidad de sentir y desear ciertas cosas, entonces ¿Por qué Dios nos creó así y no puedo satisfacerlas? Esa pregunta no es correcta. Es mejor preguntarse ¿Cómo preferiría Dios que yo satisficiera mis deseos y cuándo es el tiempo perfecto de Dios para ello? Satanás tiene la habilidad de manipular y dirigir en la dirección incorrecta esta capacidad. Siempre nos presentará un sustituto, una tentación, que traspasemos el límite. Una alternativa para satisfacer a nuestra manera, y no según Dios, las necesidades.

Dios en su inmensa sabiduría nos permite caminar por caminos difíciles, el cual tiene por objetivo llevarnos hacia él. Pero Satanás nos ofrecerá otro más fácil, más rápido, con menos resistencia, logrando que nos alejemos de Dios.

Filipenses 4:6-7 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

Estos versículos son grandiosos. A mi en lo particular me han servido mucho. Lo interesante es reconocer que en ellos, Dios no nos promete darnos lo que pidamos. Ni tampoco en que satisfará nuestros deseos inmediatamente. ¿Qué dice? ÉL promete paz. Es decir, fortaleza para soportar hasta que nuestros deseos y necesidades sean satisfechos.

¿Estamos dispuestos a esperar y confiar en Dios, para que satisfaga nuestras necesidades como ÉL quiere, en su forma y en su tiempo?

Recuerda: Fuimos creados por Dios para satisfacernos en él.

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo


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¿Qué cosas o quién está tomando el lugar de tu creador?

Tentaciones repetidas. Caes en pecado, te sientes culpable, lo confiesas a Dios, sigues viviendo, pero al poco tiempo caes nuevamente. El ciclo continua y siempre con los mismos pecados.

¿Cuál es la raíz del problema? En nuestro patio hay flores, pero de vez en cuando reaparecen hierbas malas. Las sacamos y todo se vuelve hermoso, pero dura poco, las hierbas malas crecen otra vez. ¿Qué ocurre? No las arrancamos desde la raíz, sino sólo de la superficie. Nuestros pecados se comportan igual, porque por algún tiempo pensamos que hemos vencido, pero al poco tiempo aparecen, como la hierba, para volver a deslizarnos y provocar nuestra caída.

¿Cómo lograr liberarse de una vez y para siempre? Existe una clave: “Todo aquello que consideramos nuestra fuente de importancia o seguridad, determinará nuestras acciones”

Un comerciante cristiano entiende que debe pasar tiempo con su familia, pero nunca puede lograrlo, porque pasa mucho tiempo trabajando, llegando a casa tarde y cansado. ¿Dónde está su confianza? Está en su negocio. Él puede pensar que el éxito, la seguridad o la satisfacción en su vida es la de tener un negocio pujante. Por tanto sus acciones serán aquellas que le ayuden a evitar que su seguridad o éxito disminuyan.

Otra persona puede tener puesta su seguridad en mantener una relación de pareja estable. Por tanto sus acciones se focalizarán en encontrar una pareja, sin importar si ésta es cristiana o no, si le conviene o no. Si se siente sola se sentirá fracasada, con angustia, con miedo. Por tanto hará todo lo que esté a su alcance para evitar aquello.

Nuestra fuente de seguridad o importancia controlará el uso del tiempo, nuestras acciones y pensamientos. Siempre habrá lugares, personas o cosas que tendrán una extraordinaria fuerza para llevarnos al pecado. Controlarán nuestra vida. Cuando dejemos de confiar en algo o alguien y nos dirijamos a Dios, la verdadera fuente de nuestra seguridad, obtendremos una victoria duradera en nuestras vidas.

Toda nuestra seguridad debe ser dada por la relación que debemos tener con nuestro creador. No hay nada más importante. Como seres humanos pecadores siempre sentiremos que algo nos falta, por lo que debemos reconocer que nunca podremos reemplazar ese sentimiento con bienes, dinero o relaciones. Solo Dios puede suplirlo todo. ÉL debe ser nuestra seguridad y nuestra importancia.

Satanás seguirá engañándonos. Siempre intentará seducirnos para que busquemos en otro lugar nuestra seguridad. ¿Qué ocurrirá si no junto el dinero que necesito? ¡Estoy muy solo! ¡Si no consigo este trabajo fracasaré! Nuestra seguridad debe estar en Dios.

¿Cómo reconocer dónde está mi seguridad y mi importancia? Lo que intentamos vislumbrar es en quién o en qué dependo excesivamente. No confundir ésto con compañerismo o gusto por hacer ciertas cosas. Lo que me refiero es: todas aquellas cosas o personas que considero más importantes que a Dios. ¿A qué le temo? ¿Qué o quién me hiere con frecuencia? ¿Qué me pone incómodo? ¿Qué esfera de mi vida le doy más importancia? ¿En qué o qué he puesto todas mis esperanzas y sueños para el futuro?

Si encuentras el origen (o la raíz) de tu seguridad, entonces estás en condiciones de comenzar a renovar tu mente con ayuda de Dios. Debemos quitar la vieja manera de pensar y reemplazarla con la verdad. Toda nuestra seguridad e importancia deben estar relacionadas con Dios a través de Jesucristo.

Recuerda lo siguiente: ¿Quién nos creó? ¿Quién tiene el poder de la vida en sus manos? ¿Quién tiene el control de todo lo que pasa? ¿Quién envió a su hijo a morir por mi? ¿Quién prometió que nunca nos dejaría? ¿Quién tiene el poder de producir en su vida todo lo que ha prometido? Dios, solo Dios y por siempre Dios.

Rompamos el ciclo. ¿Qué cosas o quién está tomando el lugar de tu creador?

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo


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No nos engañemos, todos pecamos

Conversando el otro día con un amigo, analizábamos las veces que hemos caído en pecado. Porque todos pecamos. No nos engañemos, cristianos y no cristianos pecan. La diferencia radica en que un cristiano es sensible al pecado, no practica el pecado como una forma de vida, sino que busca siempre honrar a Dios.

Muchos de nosotros estamos alertas, muy despiertos frente a signos que nos pueden llevar a pecar. Evitamos ciertos caminos, algunas conversaciones, compañías dañinas u otras situaciones que sabemos “a priori” pueden influenciarnos y hacernos caer en pecado. El problema radica en que Satanás es un artista de la manipulación y siempre generará situaciones en las que no estamos preparados. Aquí el Espíritu de Santo es vital. Él nos despierta y nos hace estar alertas ante cualquier circunstancia.

¿Nos dejamos guiar siempre por el Espíritu Santo? Seamos sinceros. A veces pensamos que algunas cosas ya no nos afectan, que son temas superados. Pero caemos, porque confiamos en nosotros, nos consideramos fuertes y que nada nos perturbará. El orgullo nos carcome y nos desliza al pecado.

Caemos porque no cultivamos nuestra relación con Dios a diario. Esta relación no es solo una oración en la mañana y leer un poco tu biblia, sino que es estar siempre en compañía con Dios, en todo lo que hagas, en tus pensamientos más mínimos. Cada acción, desde que te levantas hasta que te acuestas, debe ser para la gloria de Dios. De esta manera, siempre con Dios, puedes estar seguro que tu sensibilidad al pecado se amplificará y estarás atento a las artimañas del adversario.

Caemos porque lo deseamos. Nos gustan ciertos pecados y nos convencemos de que “somos así” o que “no podemos cambiar”. Falso. Si ese es tu punto de quiebre, debes trabajar con Dios ese pecado en particular. No puedes permitir que se apodere de tu vida. Serás su esclavo. Escúchame. Serás esclavo de ese pecado y todo pecado alojado en tu vida, tomará finalmente el control completo. Es la entrada perfecta para que se aloje otro pecado distinto. Satanás busca grietas en nuestra vida para hacernos caer.

Un consejo. Si pecas, busca a Dios inmediatamente, no esperes hasta mañana o hasta que creas que te sentirás mejor. Debes conversar lo más pronto posible con tu Salvador. Cuéntale del pecado, pídele perdón y busca su solución con ayuda de Dios. No esperes mucho tiempo, porque cada minuto que pasa, es tiempo que el pecado permanece en tu vida y corres el riesgo que tu corazón empiece a enfriarse, a ser cada vez más tolerante al pecado. Puede que con el tiempo ni siquiera sientas que estás a punto de caer nuevamente.

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo


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Somos responsables de nuestros actos

La tentación que nos lleva al pecado está en todas partes y a toda hora. Por su parte, la naturaleza humana coloca excusas, innumerables excusas.  

Algunos dirán que su personalidad les impide vencer las tentaciones. Es que “soy así” y no puedo cambiar. 

Otros culparán a las circunstancias por ceder frente a la tentación. “Es que el Jefe que me ha tocado en el trabajo”; “es que los amigos me llevaron por el mal camino”; “es que la presión en casa”. Es que, es que.

Puede que algunos culpen a sus padres.  Su mala crianza, su falta de disciplina o su carácter, los cuales forjaron en cada uno de nosotros lo que somos.

Excusas. Nuestra personalidad no es responsable a que cedamos al pecado. Aunque las circunstancias sean adversas, no podemos permitir que controlen nuestro destino. Nuestros padres hicieron o no hicieron lo que pudieron, pero es bueno reconocer sus faltas en nosotros, con el objetivo en mente de luchar contra nuestro pasado y modificar quienes somos.

Somos responsables de nuestro comportamiento. No podemos permitir que nada ni nadie controle nuestros actos. Debemos tomar la decisión de hacernos responsables, terminar con las excusas y luchar por cambiar lo que debe ser cambiado en nuestra vida.

Ni siquiera Satanás puede obligarnos a hacer algo. Su única arma es el engaño y la manipulación (Génesis 3:13; 2 Corintios 11:3). Así que somos nosotros quienes decidimos tomar el camino del pecado, porque si el Diablo pudiera hacernos pecar, no necesitaría el proceso de tentación.

Tampoco Dios nos tienta. No es la causa de la tentación (Santiago 1:13)

Hermanos, presentamos tantas excusas, que nos convencemos que frente a un pecado no tenemos nada que hacer: “somos así”, “es que mi niñez”, “las circunstancias”, “es que Satanás”.

Dejémonos de engañar. Tomemos la decisión y reconozcamos que somos responsables de nuestras acciones. Debemos dar este paso, el cual es gigantesco, para gritar victoria frente a la tentación.

Es difícil, pero necesario. Somos responsables.

Bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo


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Debemos soltar lastre

Soltar lastre es una conocida expresión náutica. Básicamente es soltar peso para poder navegar y evitar hundirse. Muy utilizada también como metáfora. Indica que requerimos soltar cargas o sacarnos de encima problemas diversos.

Espiritualmente somos perfectos. Dios nos hizo perfectos. Pero nuestro cuerpo carnal se dirige de continuo al pecado. Tenemos lastre que no hemos soltado o que no lo hemos hecho del todo. Amigos, relaciones, hábitos, trabajo o cualquier cosa que nos impide vivir una vida plena en Cristo. Lo lamentable es que muchos lastres, los cuales nos hunden poco a poco, no lo vemos como tales. Pensamos que si arreglamos por aquí, si maquillamos por allá, no serán tan dañinos. A veces preferimos un mal menor y evitamos soltar las cargas de manera radical. Nos consumen poco a poco, nos impiden ver con claridad, hasta que es demasiado tarde. Sucumbimos.

Debemos soltar lastre. Suena fácil, suena lógico, pero no lo es. Cuesta mucho, es difícil. Pensemos por ejemplo en una relación de pareja donde existe violencia intrafamiliar. Al principio creemos que es algo pasajero, que el “golpe” fue sin intensión. Es que está estresado(a). Son tiempos difíciles. Luego otro golpe y otro. Lo(a) seguimos justificando, pero nuestra vida se está consumiendo. Nos convencemos que tiene solución. Asiste por fin al psicólogo, hacemos terapia de parejas, porque creemos que nosotros también somos parte del problema y por un momento pensamos que todo está bien, que hemos superado la crisis. Pero nuestro cuerpo de muerte volverá a pecar, tal como el perro vuelve a su vómito. Caerá nuevamente. La única solución verdadera se produce por un cambio que haya efectuado Dios. No hay psicólogos, psiquiatras o terapeutas que puedan modificar la naturaleza del hombre. Solo Dios puede hacerlo. Si él o ella no busca a Dios con todo su corazón y no hace a Jesús su Señor, todo lo que haga por cambiar será infructuoso, pasajero.

Soltar lastres también está en quienes somos. Incluso en aquellas cosas que nos gustan, pero que distan mucho de ser puras, justas, amables, honorables o que tengan alguna virtud. Si no se ajustan a nuestro modelo, Jesucristo, debemos desecharlas. Sé radical. Es la única manera de tener puestos los ojos en la meta, porque no podemos servir a dos señores. Cuesta mucho. Nuestra vieja naturaleza hará todo lo necesario para mantenerlas en nuestra vida. Por eso requerimos a Dios en cada momento. No solo un domingo o sábado, o con alguna lectura bíblica superficial.

Ora en todo tiempo y lugar. Estudia disciplinadamente. Déjate moldear por Dios. Como diamantes en bruto, Dios nos pule. Muchas veces duele, hay lágrimas, pero el final será perfecto. Dios lo hace perfecto.

Amigos, los animo a soltar lastre. Debemos viajar ligero el camino que tenemos por delante.

Muchas bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo


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Estamos en guerra

Podemos pensar que nuestras batallas, vencer las tentaciones y no pecar, es algo personal, que no afecta a nadie más. Déjame decirles que no es así. Cada pecado que enfrentamos se relaciona con un panorama más amplio, una guerra.

Comenzó mucho antes que nosotros apareciéramos en escena. Al principio Dios tuvo que componer, arreglar y ordenar la Tierra. Luego creó al hombre a su imagen y semejanza con el fin de que pudiera gobernar lo que había hecho perfecto.  Pero Adán y Eva pecaron y el mundo retornó al caos.

Génesis 1:1-2  En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Mucho se habla que entre Génesis 1:1 y 1:2 existió una gran batalla entre Dios y Satanás. Y que debido a ésta pelea, Dios tuvo que arreglar un mundo que quedó desordenado. No es menester en este escrito, argumentar a favor o en contra de ésta creencia. Lo que sí puedo decir es que Satanás tenía una alta posición en el cielo:

Ezequiel 28:14-15 Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.

Pero que se llenó de orgullo y quiso ser Dios:

Isaías 14:13-14 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.

Finalmente se realizó una batalla. Cuándo, dónde, no lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que Dios ganó:

Ezequiel 28:16-17 A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.

Satanás había perdido, entonces ¿Por qué tentó en el huerto de Edén?  Buscaba introducir un agente de corrupción. ¿Qué entendemos por “agente de corrupción”? Es una manera gradual de cambiar un estado sano o perfecto, en uno de enfermedad o imperfección. Si bien Satanás había perdido una batalla, la guerra continuaba. Él siempre busca deshacer lo que Dios ha hecho y lo intenta a través del mal, como instrumento para echar a perder el orden y perfección de Dios. De esta manera cuando Adán y Eva pecaron, el caos comenzó a germinar en el mundo que Dios había hecho perfecto y se transformó en un efecto dominó, afectando a toda la humanidad.

No creas que Dios ha estado inmóvil en esta guerra. Muy por el contrario. El ha dispuesto un plan para restaurar al hombre y su mundo al estado original.

Primera parte del Plan: Dios debía romper la barrera que existía entre ÉL y el hombre. Restablecer la relación única que tenía con Adán y Eva en el huerto de Edén antes que pecaran. De esta manera envió a su hijo Jesús a morir por el pecado del hombre. Gracias a éste hecho precioso, Dios interrumpe el proceso constante de corrupción que Satanás había impuesto e instaura un nuevo proceso de renovación.

Es ésta renovación la que nos permite vencer las tentaciones. Fuertes o pequeñas. Al poder depositar nuestra confianza en Cristo, Dios ganó una victoria decisiva sobre Satanás. Dios restaura el orden en nuestra vida desordenada.

Segunda parte del Plan: restaurar al hombre es la primera parte del plan divino, pero para vencer definitivamente a Satanás, Dios debe también redimir a la naturaleza. Lograr que desaparezca toda clase de mal en el mundo.

Apocalipsis 21:1-5 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Nuestra lucha no es solo nuestra. Cada tentación que enfrentamos es una forma de ataque de Satanás contra Dios. Siempre el mal intentará llevarnos al caos, deshacer lo que Dios ha hecho. Nuestra victoria es una forma de testimonio, indicando que Dios ha restaurado las cosas en mi vida a su estado original. Son señales que hacen entender que estamos en guerra y que Jesús está vivo y obrando.

Efesios 6:12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Muchas bendiciones en Cristo!!!

Gonzalo